Viaje de golf en grupo con distintos niveles: que jueguen todos
El de hándicap 8 y el de 26 en el mismo viaje. No se arregla jugando peor. Se arregla montándolo bien.
Hay una frase que mata más viajes de golf que el precio.
«Es que yo con vosotros no voy, me da corte.»
La dice siempre el mismo. El que juega menos, el que empezó hace dos años, el que se apuntó al club para acompañar a su cuñado y ahora va cada domingo pero sigue pegando bolas a los árboles.
Y en cuanto la dice, el grupo se queda en cinco. Luego en cuatro. Y al final no va nadie.
Un viaje de golf en grupo con distintos niveles no se rompe por el hándicap
Se rompe por la vergüenza.
Nadie se raja de una escapada porque le preocupe su swing. Se raja porque se imagina cuatro días siendo el lastre. Buscando su bola mientras los otros tres esperan en el tee. Sumando en la tarjeta números que prefiere no decir en voz alta.
Eso no es un problema de golf. Es un problema de cómo has montado el viaje.
Si el que juega peor lo pasa mal, el viaje ha salido mal. Aunque el campo fuera espectacular.
El error clásico: montarlo para el mejor del grupo
Pasa casi siempre. El que organiza suele ser el que mejor juega, o el más metido en esto. Y elige como elegiría para sí mismo.
Campo largo, exigente, con calles estrechas y agua donde no debería haberla. De esos que salen en las revistas.
Perfecto para él. Un castigo de cuatro horas y media para el de 26.
Y encima se juega a golpes, medal, cada uno su tarjeta. Al hoyo seis el que va justo ya sabe que ha perdido, y todavía le quedan doce.
El formato arregla la mitad del problema
Esto es lo que casi nadie del grupo se plantea, y es gratis.
Un scramble por parejas junta al de 8 con el de 26 y de repente los dos aportan. El bueno pone el drive, el otro mete un putt largo y ese día se lo cuenta a su mujer.
Un stableford con hándicap deja al de 26 peleando la victoria de verdad hasta el último hoyo. No de mentira, no por educación. De verdad.
Y si hay tres días de golf, cambia el formato cada día. Un scramble, un individual con hándicap, un mejor bola. Nadie juega tres veces seguidas al juego en el que es peor.
El campo también decide quién se lo pasa bien
Un campo puede ser bonito y jugable a la vez. Los hay a montones. Lo que pasa es que no son los que salen primero cuando buscas en internet.
Y después está algo tan tonto como los tees de salida. Salir desde el amarillo en vez de desde el blanco cambia el día entero para quien va justo, y al bueno no le quita nada.
Si vais seis o más, hay otra cosa que se agradece: reservar la salida temprano y seguida. Sin grupos pisándoos por detrás. Nadie juega peor que cuando siente que estorba.
De eso va elegir bien el destino y el campo, y no de tachar nombres famosos de una lista.
Y el que juega menos necesita algo más
Una clase de una hora el primer día, con un pro del campo. Antes de la primera vuelta, no después.
No para arreglarle el swing en sesenta minutos, que eso no pasa. Para que llegue al tee del uno habiendo pegado ya cincuenta bolas y sin las manos frías.
Cuesta poco y cambia el viaje entero. Sobre todo cambia lo que él se cuenta a sí mismo camino del campo.
Que lo monte alguien que ya ha visto este grupo antes
Nosotros llevamos años montando escapadas de golf en grupo exactamente así. Grupos donde hay un hándicap 6, dos de 20 y uno que solo viene por las cenas.
Elegimos el campo que aguanta esa mezcla. Cerramos las salidas seguidas. Proponemos el formato de cada día. Y avisamos al club de que sois un grupo mixto, que no es lo mismo que llegar de sorpresa.
Tú solo mandas el nombre de los que vienen y por dónde anda cada uno. Del resto nos ocupamos.
Que este año se apunten los seis
Dinos cuántos sois, los niveles que hay en el grupo y qué fechas barajáis. Te montamos el viaje entero, con formato pensado, y te pasamos precio sin compromiso.
Quiero que me lo monten